ENCRUCIJADA

Jorge Sanmartín

Lunes, 29 Abril, 2019

Estamos frente a una partida de ajedrez que marcará un antes y un después en la Historia, donde cada movimiento puede ser definitivo para un resultado que, de momento, continúa en tablas. En un bando encontramos a Theresa May, como leí en un artículo de El País hace pocos días, la estoica capitana que no abandona el barco mientras sus oficiales saltan por la borda; en el otro, distinguimos a la vieja guardia, poniendo en marcha todos sus mecanismos para mantenerse sin fisuras la rigidez de la nación europea frente a la aparente flexibilidad que muestra hacia el exterior. No obstante, debemos tener en cuenta que las consecuencias de esta fractura serán a largo plazo, por lo que se trata de un asunto muy delicado en el que cada parte debería medir bien sus fuerzas. Una salida sin acuerdo sería un auténtico desastre, provocaría una rescisión económica en detrimento de Reino Unido y la pérdida de uno de sus bastiones a la Unión Europea.

Pero, habiendo llegado a todo esto, la cuestión sobre la que invito a la reflexión es: ¿hasta qué punto resulta válida la opinión del pueblo? Es muy importante reflexionar sobre lo que se ha hecho mal. El referéndum del Brexit (abreviatura de las palabras in-glesas Britain, Gran Bretaña, y exit, salida) se produjo el 23 de Junio de 2016.

Hoy estamos en 2019, y la democracia británica está siendo sometida a examen. Pero no a un examen cualquiera, sino a uno que tiene preguntas con trampa. Se trata de una encrucijada donde todas las opciones ahora mismo son malas para alguna de las partes. Ya se ha demostrado que salir de la UE no es nada fácil (hay ya tres votaciones fallidas hasta la fecha en el parlamento británico para determinar las condiciones del Brexit mas una nueva prórroga), debido a que es una decisión trascendental con unas consecuencias importantes para toda Europa.

Por otro lado, para los ciudadanos ingleses, quienes votaron y decidieron mar-charse de la Unión, ¿habían pensado en las consecuencias?, ¿eran votantes informados que votaron voluntariamente con una opinión y un pensamiento fundado, o votantes tocados por la ignorancia, que realizaron su voto movidos por el llamamiento a las urnas y por inercia?

La celebración de un referéndum para tomar decisiones de esta trascendencia y complejidad puede ser muy desafortunado. Groenlandia, ciertamente, abandonó la UE tras realizar un referéndum. Y negoció posteriormente los derechos de pesca, llegando finalmente a acuerdos bilaterales. Pero el problema actual está discurriendo por unos derroteros completamente diferentes, porque ha fracturado por completo a la sociedad británica.

Gran Bretaña tiene que decidir llegar a un acuerdo y salir de la Unión Europea, si-guiendo la opinión del pueblo que se pronunció hace tres años, o someterse a un nuevo referéndum, poniendo en riesgo el concepto de democracia y la credibilidad de los refe-réndums.

Si bien es cierto que un segundo referéndum podría desenredar el problema actual, también podría suponer un desastre político, histórico y social sin precedentes. El populismo es peligroso y comprometerse a realizar actos tan valientes y democráticos como la convocatoria del referéndum puede convertirse, al final, en una decisión im-prudente. Segundo referéndum, solución o problema, he ahí la cuestión.

Escuela de Gobierno

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